Sintió que frotar sus ojos era parte de un síntoma del síndrome de Tourette. Por eso se puso de pie intentando estirarse. Queriendo crecer algún centímetro. Y así tomar distancia de lo que tenía a su altura para probar el gusto de cambiar la perspectiva... Pero no lo conformó. Nada lo hizo, y creyó que nada iba a hacerlo.
Prefirió sentirse cómodo con ese pensamiento y caer en cuenta de su verdadero conformismo.
Azotado por la pequeña dosis de Revelación Personal ACME emprendió camino a algún punto de su casa.
Cerró los ojos y puso en funcionamiento su memoria física. Sabía exactamente por dónde y hacia dónde iba. No golpeó su inhumanidad contra ningún objeto más que con la realidad que indicaba cuán arraigado estaba. Y eso lo asustó.
Pensó en cómo cazzo podía ser posible que un Cristo se movilizara sin sentir contacto más que con el suelo y llegar a creer que nada había a su alrededor.
Así, bajo el marco de una de las puertas, se quedó en silencio y con los ojos cerrados. Quiso mantenerse de ese modo hasta perder la noción del tiempo, y con algo de fortuna, conseguir deshacerse también de la de espacio.
Nunca supo cuánto tiempo pasó en términos de realidad universal (?). Pero cuando despertó del sueño vertical donde no durmió, sino que voló como en las películas del descanso, se encontró frente al espejo.
Y a pesar de la luz apagada se vio tal cual era.
Desde entonces en su encierro de paredes, las luces encendidas son una invitación a salir.
Otra vez ayer.
viernes
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Le chaos.
jueves
Los malabares por mantener una y cada una de las pelotitas que giran en el aire, y conservan algún sentido de cualquier tipo de realidad, se desploman en la suerte de un equipaje.
Saber de lágrimas asesinas que no paran de brotar y de una historia que se consume a cada respiro, acaba por ser agotador. La cabeza no para; Inhala... Vatodoeltiempopensandocómocarajosalirdecadabardito. Exhala puteada (aún más larga y ocurrente).
A veces no se puede parar.
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Acostumbrado a los zapatos.
martes
Sigo pensando en el sol completamente negro, y todo lo que eso significa. Pienso en si debiera contar o no algunas cosas que están pasando. Pero sé de golondrinas...
Pienso.
Hay un montón de instancias que todavía no estancian. Ñak, ñak... ffffffffb! voló la uña. La pila ya es perfecta. Una esfinge de cachos de calcio desperdiciados en el crecimiento de una herramienta poco útil.
Daré vueltas y vueltas. Cero sentido. Pila de libros y pila de discos. Mucho sueño... Bah, obligaciones con descansares para bien-en-to-nar cantares, que mañana serán aire. Gratis. Inmediato. Eficaz. Con interferencia en algunos lugares... Pero aire.
Son gestos adustos. En frases hechas.
Sé que a veces es perfecta. Aunque construcciones tales no pueden ser desatadas. Tienen doble nudo.
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Até a queda.
jueves
Un metro y medio desde la pantalla hasta mi cama. Tal vez menos. Una alfombra roja agrietada que cuando no vuela, está en el piso. Un colchón alto. Una silla con ruedas. Vieja, rechinante, en un cuarto frío. Como una ex novia.
Me recuesto. Mantengo mis piernas como si estuviera sentado normal. Pero el tronco crece y es un pedazo de fideo estirado y ágil. Rechinante y hacia atrás. Con mi cuerpo erguido, el tatuaje de mi espalda, estaría donde ahora está mi frente. Que mira dada vuelta la cara de Jim Morrison.
El experimento sigue. Y buscando más comodidad. Mi punto más alto elige la cama. Las piernas se extienden. La cabeza reposa. Así, media hora. Hora y media. Cuerpo en llanura casi total.
La música se acaba. Y tamibén la estupidez de meter casi un metro ochenta en metro cincuenta. Hasta caer.
A veces también hago trampa.
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20:29
Some jazz requires... II
miércoles
Pensaba en tener algo qué decir (desear). Pensaba en alguna palabra monocromática que nunca vio la pantalla. Pensaba en lo que tengo que hacer. Y no quiero.
Pensaba en Nina. Y lo bien que hace al cantar. No sé si debiera dedicarse a otra cosa. Aunque si quiere seguir pasando a salar la herida en la feta de mi dedo... En las mariposas. Las que alguien tiene tatuadas y las que alguien me muestra en un booklet.
La foto es perfecta. El fondo es negro natural, iluminado por un sol que pega de atrás y le enciende los hombros. El pelo es largo, pero batido de algún modo que no le cubre más allá de las orejas. Y el rulo múltiple del flequillo plural le tapa un ojo. Que de lejos parece miel. Y que mira de costado. Como por sentarse.
Las líneas son finas. Justas medidas en cada tramo. La foto es perfecta.
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Es tan fácil.
martes
Concreción.
Momentos incómodos, que no son. La búsqueda para una explicación con fecha de vencimiento. Y una teoría sobre la evolución que no proespera con algunas naturalezas (que apestan).
El estanque.
Por algo las aguas quedan siempre ahí. Y el calor las hace caldo. A su suelo, fango.
Como entendimiento que no es, por cosas que no fueron, ni volvieron a ser.
Una imagen.
Como broma al elemento del sistema. Que persiste en el medio a fuerza ofrecer la puerta de su matriz al postor de ocasión. De simple putón que en el barrio es canción.
Corrección.
Pensamiento lateral. Acertijo ascendente. Respuesta en el bajo vientre: debería rascar mi izquierdo cuando sé que piensa en su derecho.
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19:30
Una historia.
domingo
Creo que la primera vez que escuché la invitación bienvenida al tren fue cuando tenía cinco o seis años. Era la primera vez que me calzaba que tenía como intención taparme las orejas, pero hacerme oir algo que venía con concepto de secreto. Pero con unas que sabían todos. Fue tremendo.
Le había quitado a uno de mis hermanos el aparatejo ese que me resultaba raro y que adentro tenía un rectángulo con una cinta adentro que me decía cosas que no entendía, pero que me parecían muy cómodas de sentir.
Estaba esperando con mis viejos y dos de mis hermanos en migraciones. En el boleto decía Federico, en lugar de Rodrigo, y Pablo, en lugar de Ezequiel. Lo mismo había pasado con José Gonzalo, que sólo se llamaba José... Al menos por ese viaje. Creo que también había una historia así con mi vieja con su pasaje. Pero ya tanto no me acuerdo.
Fue en el viejo puerto de Buenos Aires. Ese que hoy casi ni existe ya. Donde Córdoba es doble mano y el camino se hizo difuso en mi memoria que ya no sé qué hay en su lugar... Ferrylineas y Aliscafos.
La ruta marítima que sorteaba al río menos profundo del mundo debe haber llevado no más de cuatro horas. Pero para mí había sido eterno... Como si en el camino me hubieran contado el principio de la historia de una vida.
...
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19:58

